porque bailamos para la negra ocasión:
me abro suavemente
para sentir tus palabras sacudir
dentro de mí.
-Hola amigo lector, soy Pablo Neruda- jaja. Pues nada: Gracias por tomarse el tiempo de leer mis debralles.
Mujer, te veo en el espejo y no te reconozco.
Algo en mí dice que algún día fuimos uno solo.
Pero ahora eres ella y no yo. Eres forastera.
No perteneces a mi corazón.
Quisiera recuperarte. Volverte a mis recuerdos.
Saber que ayer probamos la misma canela.
Que ayer respirábamos la misma soledad.
Dime ¿dónde nos atábamos los pasos?
¿Cuál fue el primer palomo que se poso en nuestros labios?
Mujer, esta mujer te mira los pechos y no te recuerda.
Somos la tierra que se separa por tiempos,
acurrucadas en el estómago furioso de Dios.
“Mamma,dat boy gets at me his tongue out!”
“No baby, no dat boy but dat man.”
“O Mamma, he’s doing it again!”
“No baby, he just wanna it play.”
“Mamma, hafta weep him out?”
“No baby, we gotta love at night.”
(And the barefoot baby goes with his mamma
to the land where the giraffes don´t play with man.
And the mamma was in hurry, and the baby wore a rob
with bright colors, among six moons and stars.)
The mamma is naked in candles, the man plays and sings.
All the seas are not enough to calm their love,
and the baby just stares at them sitting at the floor.
I naked her.
She talks softly with milk in her mouth.
Sofltly like caressing every word.
She is bald now too.
Her hair made her seen stubborn but
now her round head finishes in her lips.
Fleshy lips that want to tell things.
I let her to tell me her things.
And she bubbles and touches my fist
while with a finger I weep her tongue.
There are no moanings, nor cries
just a silence...
and the sun shinning behind the moon.
“Eat the pie” he said
“It is sweet and soft and yummy.”
“Eat the pie” he insisted
“Bite it with the teeth and then retort it on your neck.
Buff pimp things...carefully without dirtying.”
He likes that game, and I play it.
Buff pimp things and the tears down my cheeks
when the play is not played anymore: a shoot whale explodes.
“Eat the pie” he says,
“Eat it: eat it.”
He likes that game and I play it.
Si conoce la ciudad de México, sabrá que las calles están llenas de moretones. Aquellos vientos que se acumulan en las venas de sus suelos, aglomerando partículas de humanos, se enfurecen por no poder jugar más con la tierra, y yo camino agarrada de su soplar entre el cuerpo de brazos y piernas que escurren sudor por el metro y los camiones. Yo divago oliendo los rostros húmedos de los viejos edificios coloniales, asustados por el tiempo, dejándose caer en pedazos. Solo, como una mujer a sus veintes camina en soledad, mi cuerpo se puede esparcir entre todos los balcones secretos. Azul balcón donde un joven alguna vez me dio un beso. Rojo pasillo dónde una niña de faldas amponas pedía dinero. Verde sol dónde la bandera de mi país se alza escurrida en el asta, esperando a un susurro que le animé el corazón. Anaranjado, morado y negro, los restaurantes que enfrían sus botellas de vino, y las guitarras tocan los más viejos sones de una muerta canción. Rostros, bolsas, zapatos, camiones, relojes, tortas, viejos, jóvenes, tierra, monte, suelo, luna, sueños y tiempos, todos danzan al ritmo melancólico de un caracol. La piel explotada de músculos de un joven, semidesnudo que azota al suelo con sus guaraches y adorna el cielo con su penacho, huele a coco. Extraño la playa, la arena y su áspera suavidad. Pero sobre el mar no se levantan pirámides, ni despiertan los rugidos de una ciudad devastada que aún llora debajo de las alcantarillas. No hay rocas dónde pueda desnudar mi cuerpo, y sentir aquella sangre que corre por mis venas. En las saladas algas que duermen frescas al viento, no puedo sentir el golpeteo de mi corazón viendo un ángel de marfil añorando sus alas. Y en el mar, en las infinitas partículas que se asoman a la vaporosa orilla, la soledad es eterna, así como el mar se vuelve eterno al besar al cielo en las noches de plata. En el mar escucho mi voz en un eco, llamando a quién amar. Por eso, si usted conoce la ciudad de México, pregunté por mí para tomar un café, y quizás unamos nuestras aguas a la oleada paz.
Cuando es viernes todo mundo se va. ¿A dónde? No lo sé. (Lo sé. Pero es obvio, todo mundo lo sabe, así que no vale la pena repetir esa rutina, mi rutina. Las luces de neón en colores rosas, azules, rojos, verdes volviéndose aceleradas con el ritmo de la música, y gente, mucha gente, en un cuarto encerrada, con piernas y brazos, y caderas y espaldas, que bailan pasmódicamente en un aire alocado –por alocado tú imagina lo que quieras: el mejor sentimiento o el peor, el trazo más deforme, o el sonido más desafinado, solo imagina lo que quieras imaginarte por “alocado”. No importa que para mí “alocado” sea un baño lleno de gente, y que para ti sea un hombre penetrándose con una pistola, no importa (¿grotesco?) solo imagina lo que quieras por “alocado y ya esta-.
Esos viernes por la noche puedo recordar a mis amigos hablando entre sí, por celulares o hundidos teléfonos públicos. Sus palabras las tengo contadas:
-Hola. Sí. A. las. De. La. Noche. Qué. Onda. Sí. Sí. Sí. Ja. Ja. Ja. No. Manches. Sí. Wey. Wey .Wey. Wey. O.K. Adiós. Bye. Ahora. Sí. Ja. Ja. Ja. Las. Chelas. Sí. Las. Chelas. ¿.!.¡.¿.¡.? 9.10.11.30.- (Todas estas palabras son parte del ritual, el orden no importa).
¿Y luego? Luego la velocidad que se oye murmurada por las ventanas. La ciudad que revive con el sueño de los faros y el grito de todos nosotros jóvenes (jóvenes, sí, aunque te duela, los viejos ya no gritan con la velocidad, tan solo tiemblan). Sacamos la cabeza y dejamos que el viento nos deforme, nos despeine y las piedras nos piquen los ojos, ¿qué importa?... ¡la noche es joven! Y la música no para, suena y suena todo el tiempo, retumbando en las bocinas, en nuestros pechos y en el cerebro que no deja de pensar en esas luces de colores.
En el camino somos los más veloces (¿Fast and furious? No lo creo.). Como en los videos juegos nos sentimos los más intrépidos. Las luces rojas se nos olvidan y los demás autos son obstáculos fáciles de llegar. La muerte no nos acapara nunca porque la muerte no existe, es solo una patética historia de terror como el Boggie man.
La velocidad se cesa y caemos en las garras del lobo. El humo sale coleando con grandes hombres que encadenan la entrada. Las faldas van más arriba de lo arriba, y los escotes más abajo que lo abajo. El cuerpo se decorada, huele bien. Somos hermosos (Hermoso: atractivo, que da placer a los sentidos). La belleza es de noche. No hay colores de cielos ni pasteles, aquí no lucen, no van, no se reflejan. Pero los dorados robados de discos rock, y los espejos cristalizados en labial son lo máximo. Hay que brillar como estrellas, literalmente estrellas, galaxias o todo el polvo del universo sideral. Hay que ocultar los defectos, que no sea vean. La noche es oscura y la fealdad no existe, ni siquiera existen en las más húmedas coladeras.
Y se pasa adentro, a la cueva, al terror, al retumbe de la tierra. Vemos entonces que todo mundo nos mira con deseo. Que la piel se nos abre y podemos sentir la respiración de los demás. En el pecho se siente hormigueos, y por entre las piernas el sudor crece. Todo nuestro cuerpo se pone erecto y frágil a la más mínima caricia. La selva de hielos y licor nos amenaza, bebemos y nos embriagamos, bailamos y volamos. Los sueños se nos rebelan y damos vueltas en un carrusel de caras bonitas, de cuerpos deseados, de manos, pies y cabellos que nos abrazan. Besamos bocas que no conocíamos, lamemos pezones y aretes, mordemos cuellos y relojes. El vértigo del deseo nos seduce. No que más que cerrar los ojos y dejarse ir, morirse.
Cuando se despierta el amanecer ciega. Las luces han desaparecido y el alcohol invade el aire. Y entonces se ve la desesperación de la noche. El vomito en las paredes, el delineador de ojos escurrido, los escotes y las faldas llenos de mierda. Nos vamos todos a casa. Nos olvidamos de nuestra muerte y seguimos a casa vacíos, sin nada.)
¿A dónde? No lo sé.
El cielo no tiene luces de color, porque el cielo es eternamente azul.
Adorable Blog,
Eliminé a mis amigos de tu columna. Los dejé perdidos en el abismo del Internet. Sus nombres quedaron por ahí arrinconados en una emulsión de bits. Aquellas palabras que brillaban al suspiro de mi dedo quedaron reducidas a basura. Basura cósmica, intergaláctica, sideral, basura, basura....-¿la basura del Internet se queda en las paredes, en las retinas, atrás de las pantallas? ¡Dios sabrá dónde se guardan todos esos residuos magnéticos y eléctricos!- Que si las papas huelen a manzanas, que si Nene se atropelló un dedo con la guitarra, que la economía es la hermana de todos los zapatos que no usan los perros, o que si 24 horas es lo mismo que dos días de borracheras en la selva, son cuentos que no supe más. Me olvidé, me los olvidé, y los olvidé.
Blog, no te molestes por todo el tiempo que te ignoré. Tus entrañas leían mis pensamientos, y aspiraba los estornudos de los ínternautas y yo te abandoné porque me daba flojera armar tu cuerpo con mis palabras. ¿Cuántos blogs no conocerán el alma de esas manos que teclean y teclean sin llorar?
Sí Blog, volveré a ti, y buscaré a esas personas que solían leer y se dejaban observar.
¡Buenos días Señor Sol! Hoy me rasuré las piernas y mi espalda comenzó a molestar por un dolor que me hormigueaba desde la cabeza hasta el corazón.
Chongos, chongos,
los tiene de a montón.
Unos van para el suelo,
otros para el cielo azul,
pero todos son
chongos,
de su pelo algodón.
Se los trenza por las noches,
con las ropas húmedas,
mientras las luciérnagas
prenden fuego
a las estrellas,
corriendo en sus tobillos
aún el tierno jabón.
Sus chongos,
son los chongos
que agarro yo,
cuando le beso el cuello,
cuando le doy amor,
cuando la mula se para,
cuando el viento es molón.
Chongos,
sus chongos,
de negro color.
Por días el viento se ahogará,
en lo que la gente llama cielo azul;
y nunca nadie lo sacará de su agonía,
porque no se ve ni se siente ni se sabe,
pero sus quejidos nos palpan los oídos,
creyendo nosotros que es su alegre cantar,
cuando es su triste llorar
el que silba en nuestros cuerpos de rudo carbón,
que se olvidan, de lo alguna vez
fue su consolación,
en un barco en la mar,
en una tarde de otoño,
en las faldas de la alegre mujer fatal.
Por eso, hoy en mi memoria,
me acordé del viento:
Viento que es la vida ideal
de la libertad perdida,
del amor lleno de muertes
enterradas en oleajes
que el cielo a momentos cubre
como blancas nubes de cristal.
Viento, que por la eternidad
escuchará como un amante,
a mi corazón sentado en una banca
sabiendo de su diminuto cuerpo,
de su andar ligero de tristeza,
llorando largamente,
mientras pequeños susurros
consolarán, con alojados clamores
mis pesares, y los pesares
de una vasta humanidad.
Canción de cuna
de cuna,
de mi viento,
más allá de los montes
y los cerros de fuego:
Mujeres de bronce
y ojos de perla negra
con sus pies descalzos
y sus manos de elote,
son las hijas
que mi madre zapoteca
parió mestizas
en su homenaje
a la tierra de águilas.
Hombres aun ásperos
salvajes de este mundo
aman a las mujeres de bronce,
como aman
al maíz de sus campos
fértiles y calidos,
como aman
a la lluvia de un Tlatoani,
que descalzo,
ríe a nubes mojadas.
Niños de tamales rosas
que no conocen el mal,
lloran y carcajean
al cielo azul,
al verde mar,
con la manita alzada al cielo,
pidiendo de comer
y mamar,
al cielo,
al nopal.
Le he quitado su belleza.
Quería que fuera eterna.
Que sus penumbras brillaran
ondeando sus banderas de penas,
y sin embargo,
ahora me veo más alejado
de este blanco y ahora negro papel,
que dibuja mi tinta aún tierna
lejana de su tormento.
Mis negros ojos
ya no alumbran su deseo,
como aquellas hojas
que besaron
mi alma por primera vez.
Soy : una triste pluma
de tinta sin su papel.
Tengo un secreto.
?Tendra un secreto él?
No quiero que lo tenga,
porque me dolerá
y moriré.
Me romperé en cristales
con el ligero soplido
de su callar.
Me desharé
callada por un grito
que no se escuchará.
Y la cabeza me flotara
en estallidos,
por pensar
que él tendrá
un secreto
como el mió aquel.
Mejor callar.
Somos la soledad.
Por no salir a las calles y llorar.
Somos la soledad.
Por olvidarnos de nosotros,
para buscar otros oídos
que aprueben nuestra palabras
erráticas
furiosas
alebrestadas…
que azotan en el suelo,
por no ser escuchadas.
Somos la soledad.
Porque nunca quisimos
disfrutar de nuestros cuerpos tímidos,
que desean la lengua
porosa y jugosa
de nuestra propia boca,
con la cual, sanaríamos
las heridas saladas,
como si nadáramos en el mar.
Somos soledad.
Y lo muestran los demás,
cuando nos abandonan lejos,
cuando se olvidan de nuestro rostro
y nos ofrecen un saludo,
sin conversación
ni sentido,
restregándonos que quieren
a otros,
mientras a nosotros,
nos han dejado en la oscuridad.
Te le digo corazón,
somos la soledad.
Tenía una balsita para ahogar mis pensamientos.
Mi balsita flotaba mi pesar
sobre las olas de jacarandas,
que vienen y van,
enterneciendo el sueño del cielo azul,
sobre la vasta costa
que acaricia las olas del mar.
Andaba por los puertos de mis vísperas,
arrastrando caracoles húmedos de humedad,
como un infante de madera bien tallada,
perfumando de ébano mi sonrisa,
y mi florido andar.
Yo moría en ella;
Yo nacía en ella;
Crecía, bebía y andaba en su mar.
Y un día mi balsita se hundió en si misma;
olvidando mis memorias;
dejándome naufraga de mi persona.
Sin mi balsita,
empecé a construir un barco natural
que flotara en el aire,
con las palabras de mi juventud
mojada en sal.